Distribución del salario cubano de acuerdo a las necesidades

Publicado en por Joel Vello Landin

Hasta la fecha, no se puede negar que la experiencia socialista en Cuba muestra un gran avance en el campo de la igualdad y las políticas de bienestar social relativos a los gobiernos anteriores no socialistas. Los índices de gasto público en seguridad social, sanidad y educación, así como sus resultados, en nada tienen que envidiar al de los países más ricos.

Su política de gasto en nutrición básica contribuye a conseguir los rendimientos tan altos en salud y educación. Cuba dedica de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación 6 veces más que España, el mismo porcentaje en sanidad, y algo más de la mitad en seguridad y asistencia social.

Los resultados están a la vista y son ampliamente reconocidos por las organizaciones internacionales.

En Cuba, la brecha entre el que más gana y el que menos cobra es más estrecha que en otros países, por ejemplo la retribución básica de un especialista médico es de 400 pesos mensuales, mientras que la del trabajador menos cualificado, o salario mínimo, es de 100 pesos al mes.

Para entender la importancia de esta medida de equidad, en los Estados Unidos de América se estima que cualquier médico, con conocimientos y experiencia media, gana 23 veces más que los pacientes que atiende, muchos de los cuales sólo disponen de unos ingresos iguales a los estimados por la Administración estadounidense como de umbral de pobreza.

Esto, por descontado, sin tener en cuenta el hecho de que un 20% de la población norteamericana no tiene derecho a ningún tipo de cobertura médica, ni pública ni privada.

Positiva o negativa, la valoración de los resultados de la experiencia cubana imputables al propio sistema hay que realizarla teniendo muy en cuenta algunos aspectos que frecuentemente se olvidan: aparte de los propios errores que siempre se cometen, está la pobreza en origen de la Cuba de Batista, su pequeña dimensión y escasez de recursos, junto a la agresión que padece el proceso cubano desde el inicio del intento de transformación socialista.

Estas características imponen serias limitaciones a cualquier modelo de desarrollo, pero de una forma más restrictiva cuando la voluntad de los gobernantes es la implantación de un modelo socialista, un modelo de igualdad social que implica la presencia prioritaria de un elevado gasto social relativo a sus recursos materiales.

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